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El Arte De Robar Pickpocket Pdf



Esta semana quiero hablaros sobre uno de las artes afines a la magia más complejas y que bien realizada, es una de las que mayor impacto produce en los espectadores. Os hablo del Pick-pocket.




El Arte De Robar Pickpocket Pdf



El PickPocket es un tipo arte afín a la magia. No se considera magia en si ya que en su naturaleza no tiene cabida los efectos mágicos, es decir, durante el numero el espectador no siente el imposible como con otros efectos de magia.


Es cierto que muchos magos combinan efectos de magia con pickpocket consiguiendo así que esta rama se entienda como magia, pero en su esencia, el pickpocket consiste en robar objetos a los espectadores únicamente por habilidad del actuante (mago) para mas tarde devolvérselos al espectador del que habían sido sustraídos.


En la Inglaterra del siglo XIX, él carterista era una figura muy común en las plazas y las calles. Tal fue la magnitud de esta nueva forma de robar que desde las autoridades condenan a cualquier carterista con penas de muerte, con ahorcamientos públicos, con la esperanza de que esto pusiera fin a estas fechorías. Pero la condena tuvo el efecto contrario, pues a mucha gente se les robaba la cartera o objetos personales cuando asistían a ver los ahorcamientos en las plazas.


Como anécdota sobre el arte del pick pocket, en 1906 Harry Houdini escribió un libro titulado The right way to do wrong en el que se describían algunos de los métodos empleados por los carteristas. Su intención era advertir a la gente de cómo trabajaba este tipo de ladrones en las calles.


Apollo Robbins, se describe a sí mismo como ladrón de guante blanco y especialista en el engaño. En la actualidad es uno de los mejores especialistas en el arte de robar. Aparece con frecuencia en televisión realizando sus rutinas.


Cuando escuchamos la palabra carterista, inmediatamente nos ponemos en estado de alerta, y es normal, pues en la actualidad existen muchísimas personas que pasan horas de su vida intentado robar objetos a los viandantes en las calles de grandes ciudades de todo el mundo.


Pero existen una gran diferencia entre un artista del pickpocket y un carterista de la calle. Mientras que el artista del pickpocket pone sus habilidades al servicio del entretenimiento de los espectadores y siempre devuelve los objetos que sustrae, el carterista por el contrario, pone sus habilidades únicamente para su lucro personal, sin importarle en absoluto el mal que provoca en su víctima.


Por lo tanto, podemos decir que ambos trabajan una disciplina completamente distinta, pues mientras que el artista lo que busca es emocionar y entretener al publico con sus técnicas y habilidades, el carterista es un delincuente que intenta aprovecharse de sus víctimas.


Existe la posibilidad de combinar efectos de magia durante una rutina de pickpocket. Por ejemplo, el mago puede robar los objetos de una espectador y finalmente hacer que un ultimo objeto viaje de forma imposible al bolsillo del mismo espectador.


Muchos magos usan la misdirection mental y visual que provoca la magia, para perpetrar sus robos. Por ejemplo, un espectador pone toda su atención en una moneda que el mago hace desaparecer, mientras esto sucede, el mago se vale de sus artes de pickpocket para robarle algunos objetos.


Tirantes, están en desuso. Antiguamente era una de las prendas mas buscadas por los artistas del pickpocket, hoy en día muy poca gente los usa. Los tiempos cambian, la magia se actualiza, también lo hace el pickpocket.


Un carterista es un delincuente especializado en el robo de carteras de bolsillo y otros objetos que se suelen portar en bolsillos o bolsos, sin violencia y con la habilidad necesaria para evitar ser detectado su acto en los momentos inmediatos al hecho.


La diferencia entre los que ejercen el carterismo para robar y los atracadores reside en la sutileza con la que los primeros roban. Por lo general uno no sabe que ha sido robado hasta que se da cuenta tiempo después, mientras que los atracadores suelen valerse de la violencia y la intimidación .


El magocarterista debe poseer la habilidad no solo manual, sino verbal y gestual para poder distraer a su víctima mientras le roba sin que ésta se percate de ello. Para ello se valen de muchas técnicas, destacando la distracción, para mostrar su arte.


Los objetos más comunes a la hora de robar en un espectáculo de pickpocketing son: relojes, carteras, corbatas, cinturones, gafas, pañuelos, teléfonos móviles... es decir, cualquier objeto que pueda llevarse en los bolsillos tanto de la chaqueta o camisa, como de los pantalones.


El carterismo es una de las formas más comunes de hurto. Consiste en robar posesiones (como una cartera o el contenido de un bolso) sin que el dueño se entere. Se caracteriza por tener lugar en lugares aglomerados o muy transitados.


Declaro que no vehemente me importa la coronación vía la promulgación de otra (o incluso, la-indudablemente-verdadera-y-que-lo-sepan-bien-todos) genealogía del arte contemporáneo en este país, por cierto presumiblemente exaltado por esas contingencias que brincan desde el ejemplo pseudoparadigmático de la creatividad. Mucho menos los consecuentes codazos en la jeta. O las guitarritas tañidas en el aire con sus lero, lero, yo lo dije primero. De hecho, casi estoy seguro que me parecerá estupendo el momento en que los historiadores forcejeen por culpa de ese grial. O del origen del manantial, si así gustan.


En Pickpocket (1959) el protagonista es un hombre que no se cambia su trajecillo viejo, estoico en el paro, aburrido de la vida, cansado de todo, con una extraña relación con su madre, la bella chica que cuida a ésta, un único amigo que intenta ayudarle, y con una autoridad de la policía. Tiene un hobby muy particular, es carterista, algo que de vez en cuando le reporta tomarse un café o comprarse otro libro que se empolvará en el menguado ámbito privado de su soledad. A partir de un momento clave en su vida, decide tomar clases de un verdadero profesional y se dedica de lleno a robar billeteras, relojes y bolígrafos, ya que es lo único en el mundo con lo que puede expresarse realmente, y con que sentirse realizado.


En Pickpocket aparece un libro, The King of the Pickpockets, adjudicado de manera arbitraria y caprichosamente a un tal George Barrington, irlandés que en el umbral del siglo diecinueve efectivamente se desempeño como autor de una crónica histórica de una región australiana a donde había llegado a cambio de no ser sentenciado a muerte en la Gran Bretaña, por ejercicio de identidades falsas, muy seductoras por cierto, y con las que estafaba a ingenuos aristócratas, e incluso a sus amistades más allegadas. Su operación estelar y reiterada era como carterista, de ahí la liga y la supuesta simpatía del ratero Michel de Bresson con este que acabó siendo considerado ampliamente un caudillo en ese continente de canguros. El personaje de la película francesa así con su promisoria redención, acorde al sublime -y quizá improbable- vaticinio de su mamá, echa mano en algún episodio de fuga de la ley, y de defensa ante su inminente captura, precisamente de la argumentación ideológica respaldada por los escritos de Barrington, con su justificación vital para conseguir sus objetivos por encima de la ética común.


Y qué entonces? Qué en el presente de este puño de desenfadadas pinzas cuya cita semanal transcurría festivamente entre aplaudir la aparición de uno u otro signo perspicaz pegado con resistol a unos pedazos de madera usada, o de plano destrozar con pelotazos a la obra examinada y a su autor? Bueno, tal parece que sus categorías iluminadoras siguen siendo las mismas. El valor inquebrantable de la experimentación de materiales, de soportes, de modelos de trabajo o de enlace/situación sigue siendo vigente y obligado en los cinco. Esta es, por antonomasia, la categoría que los distingue en el discurso plástico de una historia local que en los años 90 proyectara sus caracteres y libertades, anunciando paradigmas hasta entonces insólitos, además de las influencias que las generaciones subsecuentes de artistas y profesionales del género abrazarían y publicarían como baluarte de segura perspectiva internacional, o marca precisa en la vorágine cultural en condiciones globales.


La parresía cínica se desprende de la parresía filosófica, nos manifiesta Foucault en su Discurso y verdad en la antigua Grecia. Se desprende y es una dulce perversión de ella. Comparte los tres aspectos mencionados, fundamentándose en los principios del cuidado de sí, además de estimar una relación armónica estética con la vida, que al final viene siendo un arte de la vida. Pero en función de esto se permite jugar con la inexactitud, el doble sentido, el humor ambiguo, y hasta la exaltación de la ironía.


La parresía cínica es una práctica, es un modo de vida que convoca a la autosuficiencia de cada quién. Es nihilismo como ética, como estética de la vida, individualidad extrema y el ejercicio constante de la seducción para intentar -como Barrington, como Michel el pickpocket de Bresson, o probablemente cada uno de los que pasaron por aquel taller en casa de Gabriel- conservar la libertad, a pesar de lo chueco, lo chafa y lo falso inminente.


En fin, la verdad, o algo parecido. XYLAÑYNU es un lugar y un tiempo exactos, aunque no totalmente óptimos. Ahí se frecuentan la diplomática polémica que certifica procesos interminables de perfección, y el gusto por el juego, que jamás será oprobioso o vilipendiante a quienes en él participen. Con una dinámica utópica así ha aterrizado esta muestra, quizá similar a una charada generada hace un siglo en un escenario de contertulio de greguerías, donde los carteristas como los filósofos tenían algo importante que decir.


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